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jueves, 25 de diciembre de 2008

a mis hermanos en una fotografía

…porque somos tan sólo hermanos
de una invasión a lo imposible

Leopoldo María Panero


sea temprano para los adioses,
no lo sé.

sé que quiebra no encontrarlos
y rompe el pecho
sus ojos vidriosos,
lejanos,
atollados en una fotografía.

ya no recuerdo
cuando éramos tres,

siquiera sé si algún
día lo fuimos.

asco y horror
de sentirme vacío
y saberlos lejanos
cuando los toco.

asco y horror,
miedo a la muerte,
miedo a la tristeza de la muerte,
temor a la soledad
de verme transparente
y aceptar con resignación
que estamos desolados.

asco y horror
a la vaciedad del hogar,
a estas paredes que detesto
a este limo rojo
que nos funde
y nos hace lejanos
por lo amargo y salado
que sabe a la boca,

terror al limo
que se pudre en la rigidez de las puertas,
en la esterilidad del hogar
que acaso nos mantendrá vivos
algunos años más,

no sé que tanto,
tampoco sé eso,

pero algunos años más…

hasta que el rencor
nos haga imposibles
y nos entuma el
cuerpo el corazón y la sangre,

como en una fotografía.

a una muchacha que entiende de complicaciones

si vieras qué bien que te sale,
andar así,
como venida
de la serenidad.

muchacha,

yo vengo
de la rabia
y de tanta noche
en que el
error se ha vuelto
un liquen absurdo
que hay que beberse
de golpe.

pero si nadie es especial,

y me quedo
con el discurso
en la mandíbula,
con eso turbio que dentro hiende,
con eso dicho sin decirse,

con esa tranquilidad impostora
de encontrar al otro lado,

a quien entiende de complicaciones.

sábado, 20 de diciembre de 2008

a una muchacha que quería hacer bien las cosas

eres bonita
y dices ser terrible
y oscura,

me dices
que no te importo,

¿tendría acaso que
importarte si sólo nos
unió una cama?

me pides que te compare
con ésta y con aquella,
qué no sabes
muchacha,
da igual o cualquiera.

y que me cuentas tus cosas
sólo porque estás confundida,
que las dices así nada más
y no porque sea yo
quien puede entenderlas.

¿que no te importo?
me dices y te escucho,

¿que quieres hacer bien las cosas?

no, no te creo.

domingo, 14 de diciembre de 2008

a una muchacha que no sabía mentir

a mí,

que he corrompido
setenta veces al amor
más puro,

que he maculado
mis nudillos con
el color de las entrañas,

que me he deshecho
los labios,
una y otra vez
por no entender lo que quiero,

que me he consumido
en las sábanas más oscuras
y a los amaneceres
me levanto roto
y con el corazón hecho un puño.

¿a mí?

que lo he perdido todo
y lo he ganado todo
apenas si con una noche,

ah, muchacha,

pero si somos el abismo…

sábado, 13 de diciembre de 2008

amor,

si te digo amor
es para no
ensuciarme los labios,
para no decirte
muchacha,
o
cama
o
boca
o
días
abandonados
y perfumes
y cabellos.


y si te vas
o nunca estuviste,
qué más da,
amor,
qué más da.

jueves, 11 de diciembre de 2008

de la
osamenta
sacado
el
limo,

expelida
la rotura
de
labios
que
amarillean
la quijada,

así,

lápida
y
numen,

la roca
del cráneo:

un cerrado
capullo,

hasta
el
próximo
relámpago.

sábado, 6 de diciembre de 2008

cuento los días

cuento los días,

uno a uno como a hormigas
mecánicas,
–que se amordazan
sobre el pan que se pudre en mi mesa.

cuento los días,
y uno a uno
a todos
los que he abandonado.

ya todos han muerto,

he muerto yo,
y también
–he renacido otro.

mientras el café se enfría,
este año y más,
seguiré
uno a uno,
muerto ya
y los que me han abandonado,
contándome los días,
sobre el pan,
el café frío
y las mecánicas hormigas
nutriéndose en mi carne,

que se pudre sobre
la mesa.

viernes, 5 de diciembre de 2008

otro

exhausto
y después de haber perdido todo rastro
de mi nombre,

al anochecer,

la falsa luz,

sobre mis párpados,

me dibujará otro,
otro,
que no me pertenece,
y estará ahí,
que estará ahí
y estará ahí,

ahí,

entre mis párpados,

hasta que pase el efecto.

larvas, colmillos

No es tu sexo lo que en tu sexo busco
Leopoldo María Panero


no.
no hay derrotas
ni espasmos
de bestias asoladas.

no hay,
esta habitación.

hay,
arrojados
a los cristales de la ventana,
hambrientos perros,
jaurías taciturnas de furiosos colmillos:
lastre de la desmemoria
y liviandad a la extrañeza.

no.

nada
en la habitación,
en esta habitación
sino tú
y tu tristeza
abrillantada,


y tu amargura
que te lustra las piernas
y apacienta
a ese,
mi otro corazón:

enjambre de larvas.

en esta,
tu habitación,
sólo tú y
esa
que eres a mis coyunturas,

esa,
que blandece
al desasosiego
con la tibia saliva
de la dentellada
certera,
quirúrgica,
de quien espera
de larvas y colmillos,

izar una corona de muerte.

martes, 2 de diciembre de 2008

frívola

busqué en tus muslos
la enfermedad y la muerte,

frívola,

busqué
y fuiste
la muerte
sólo la muerte por esa noche.

y
ahora tu carne
me sabe a una lejana serenidad:

ya nunca volveremos a vernos.

turbios y peces

A mi padre


…y en lo que nos hemos convertido.

turbios y peces
en una burbuja,

sin más allá
que una
parquedad
estancada.

y
la fisura
del otro lado,
de lado de la membrana endurecida
en que nos desencontramos
cada vez
más solos y ateridos,

no hay
tiempo
ni habitaciones serenas
ni ventanas
ni descanso alguno
para este flotar
de agua espesa,

no hay nadie
con un amor tan grande
capaz de vencer

la amargura de los años.

jueves, 20 de noviembre de 2008

azogue

como la
nata de leche pudriéndose al sol,
ingrávido,
marcho mi peso a un horadar
que aúlla.

escama mineral,

jamás tanta nervadura
en ese perro de azogue,

que blandece,
desde mis vértebras.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

méritos

he cometido los méritos
suficientes para convertirme en hombre,

ando a dos patas erguido,
y a veces,
como por coincidencia,
se me da eso de tener ideas,
hablar un poco,
ser prudente,
y sonreír cuando no entiendo.

cumplo las expectativas.

pero sucede que me pregunto,
cuando la ceguera y el hambre
cascabelean en mis rodillas:

¿de qué sirve ser hombre?
si por las mañanas me aturdo como un perro,
y a veces,
no siempre,
pero me sucede que al final del día,
sangro sangro sangro como cerdo desollado.

víscera

no conozco el color
ni el idioma autómata
de lo que me hunde al mundo,

una colmena en mi pecho,
bisbea.

el enjambre eléctrico en mi cráneo,
murmura:

boca,
cabellos,
dentadura,

intestinos.

un animal paralelo
se curva,
retuerce fuera de mí,

como buscando humanidad.

cualquier día de estos
moriré sin darme cuenta,
entonces,
ese animal de entrañas,
como otro que también soy:

andará las calles convulso,
tierno como recién venido,
más certero y más lúcido,
también,
a pesar de mí

y el lastre de mi cadáver.

lunes, 10 de noviembre de 2008

abdicación

A Rodrigo Guajardo

I
intuir,
intuir en las ventanas ese peso diferente,
de lo sillones en la sala su vaivén viscoso que derrumba,
el desplome de zapatos que en alguna parte agrietan,
y del colchón del dormitorio eso que como chirrido gime.

en esta tarde espeso y desolado,
uno a uno ahueco los nudillos a paredes,
presiento,
la vaciedad de la casa,
el tumulto como calle,
grieta y boca negra que bosteza.

II
escucho,
como quien se orienta con estrellas:
el inminente-lento crocar de huesos del reloj.

III
hoy,
he visto a nadie,
esta tarde es
y digo, como tantas veces otras,
habría sido mejor lustrar con el hartazgo desde niño,
cuadrar los hombros como trasteando el escozor de las entrañas,

limar el hambre a los colmillos a esta bestia silenciosa de los días.

IV
horror.
horror a la clarividencia y su presentir de fondo los engranes
de esta hendida tarde obscura máquina.

V
adiós. renuncio.

adiós escribo del silencio porque el silencio es la verdadera palabra.

renuncio a la derrota todas las derrotas y ser uno mismo y honesto
porque es lo único que queda.

abdico,
no más vanagloriar clarividencias,
ya basta de mi reino no es este mundo
pero vale la pena ser animal silencioso.


VI
adiós,
adiós ungida carne de mi hastío,
adiós tristeza inútil,
adiós,
adiós mujeres amadas,
palpiten allá, en lo lejano,
sean lo otro en lo otro el otro lado
que no alcanzo porque estoy tan agotado,
y ya no me interesa.

renuncio a todos,
abdico,
adiós a los amigos que nunca fueron,
sean allá donde no llego,
isla sola muda y sorda que apenas tienta el agua.

ya basta de todos los días
y los días y los días y los días
y los días

y la nada.

VII
abdico,
fue suficiente,
por esta tarde
y para siempre,

ya basta.

a una muchacha con la mirada turbia

me dijiste ciérrame blanco los labios ,
y amé esas dos grandes ventanas
y las ridículas voces de la
habitación de enseguida.

cómo desdecir esto es la belleza,
cómo no quererte esa noche,
y cómo no fingir, entonces,
cuando ya somnolienta preguntaste

¿así es esto de los animales y el silencio?

martes, 28 de octubre de 2008

búsqueda

I
jugando a esos pasadizos
de laberintos a ninguna parte.

lejos,
de mí.
arrebatado.

de todos.

zurciendo zurciendo
las manos hasta ya no reconocerlas,
tocando palpando
rostros y rostros
grandes tesoros ojos dorados cuya delicia
son muslos gargantas,
nervadura,
descanso en la muerte,
tierra a la lejanía,

por unos segundos.


II

con la cabeza rota
con el cuerpo roto
con el tiempo roto
con la desmemoria rota
con la rotura de la piel
y expuesto el aire al corazón.

bajo la tierra.


III

no hay tierra,
no hay segundos allá,

en la lejanía.

IV

queda entonces la cabeza rota con el tiempo roto y la rotura cuerpo,
queda entonces allá en la lejanía los segundos aparentes como trastes inútiles,
queda entonces lo roto, los laberintos-pasadizos-a-ningún-lado.

la delicia del juego.
lo otro ,

allá. en la lejanía.

lunes, 20 de octubre de 2008

vigilia

cometer la sensatez de los días,
entrar en ellos
como lavarse la boca,
encender el auto
trabajar ocho horas.

decir
estoy bien
estoy bien
estoy bien,
estoy
bien.

decir como decir nombrando
el sillón,
la lámpara,
los amigos,
el te amo mujer amada,

decir
pesan
tienen forma,
nombrándolo aquello,
lo capaz de nombrarse.

y repetirlo repetirlo todo
como se repiten las horas,

con brutal indiferencia.

sábado, 18 de octubre de 2008

concordia

este afán de agotarlo todo
cuando quebranto:

jamás habré de conciliarme
nunca,

jamás el pecho
henchiré
aire,
soplo solo.

no.

no me interesa.

viernes, 10 de octubre de 2008

extrañeza

Esa manera de caminar por los trapecios
César Vallejo



apacienta cada segundo
este saber atroz de la muerte,

a ratos un hombre,
a ratos animal niño.

es tan absurdo
andar a dos patas,
tener un reloj
y que den las seis de la tarde.